¿Por qué solo 4? ¿Qué pasó con los demás?

Algo que siempre he dicho: como cuerpo compuesto por diferentes miembros, y cada uno con su don y servicio único, la iglesia es edificada y cada miembro es fortalecido por los dones del otro. Casi siempre digo esto en el mismo contexto: cuando me preguntan si me congrego y cómo le hago, si supuestamente sé mucho.

Lo mucho que sepa o no, mis dones, fortalecen al otro, y yo mismo soy fortalecido por los del otro. Esa es la realidad del cuerpo de Cristo: su iglesia. De hecho, esta es una de las tantas razones para justificar el congregarnos en un mundo donde aparentemente cada día se corta más el contacto social.

Un vivo ejemplo de esto lo experimenté recientemente el martes pasado en mi congregación. Estando en medio de la escuela bíblica, un hermano maestro enseñaba algo sobre la clase que estamos estudiando sobre Daniel, específicamente: Daniel capítulo 1.

El hermano Luis Bouret comentaba y reflexionaba sobre algo que nunca había visto o pensando así. El verso en cuestión es donde Daniel y sus amigos se proponen no contaminarse con la comida del rey. Esto todos lo sabemos. Pero, el punto que él señalaba era: ¿y por qué los demás de Judá no hicieron igual? ¡Pufff!

Leamos el pasaje en específico:

Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. A éstos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego. Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.

Daniel 1:5-8

En 17 años de vida cristiana nunca había leído, o había reflexionado, sobre esto. De entre los de Judá estaban más personas: ¿por qué solo Daniel tuvo esta iniciativa? ¿Por qué solo sus amigos le siguieron y no todos los demás? ¿Ya entiendes cómo el hermano Luis me edificó con esto, algo que yo nunca había leído ni pensando?

Dejando de lado el tema para que te congregues, pasemos a la reflexión: ¿solo Daniel conocía esta parte de la ley que solo él se propone esto como iniciativa? Si era así, ¿por qué solo sus amigos le siguen y no todos los que vienen con él de Judá en esta primera deportación? ¿Qué pasó aquí?

Quiero hacer varias especulaciones para poder entrar en la reflexión. Imaginemos que los deportados, exceptuando estos 4, se dieron por vencido y decidieron no seguir a Dios al pie de la letra, puesto que ese Dios los abandonó y ahora está siendo deportados. Esta podría ser una razón.

Tomemos otro caso. Digamos que el grupo que no siguió a los 4, no se dieron por vencidos y decidieron seguir a Dios en todo, pero comenzaron a pensar que tal vez sería muy difícil seguirlo en esto, porque era una orden del rey y hasta los mismos babilonios temían desobedecer esto (1:10).

Pensemos en el escenario que les esperaría a Daniel y sus 3 amigos: estaban arriesgándose a morir por desobedecer al rey, peor aún así, aún siendo deportados y destruidos, tal vez pensando en que Dios los abandonó; no rehusaron serle fiel a Dios y mostrarlo aún en este aspecto de la alimentación, bajo pena de muerte.

Aquí está el quid de la cuestión: todos tenían lo mismo que perder, el sacrificio era igual para todos. ningún caso tenía ventaja sobre el otro, y la única “ventaja” era sinónimo de serle infiel a Dios. Entre perder la vida y serle infiel a Dios, estos prefirieron serle fiel a él a costa de su vida. Por eso: ¿por qué solo estos pensaron así?

Ante la aparente infidelidad de Dios de haber abandonado su pueblo (digo aparente porque ya él mismo les había advertido que esto pasaría si no cambiaban) estos deciden serle fiel. No solo sabían qué podían morir, también sabían que Dios podía librarlos. Pero, aún si no lo hacía, estaban dispuestos a no contaminarse.

¿Y tú?

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

Daniel 3:16-18