Resumen
En este escrito se expone brevemente lo ocurrido con Agustín y su doctrina del pecado y como está afectó a Pelagio y lo impulsó a promover ideas en respuesta a lo que él consideraba un error sobre la hamartiología agustiniana. Las respuestas de Pelagio no solo abarcaron el tema del pecado y la idea de Agustín de herencia de pecado y castigo desde Adán, sino que explicaron qué era la gracias y en qué consistía en la vida del creyente.
Palabras claves: pecado original, gracia, pelagianismo.
Introducción
El pelagianismo no es una idea monolítica o sistema teológico herético al que hubo que hacerle frente en tiempos de Agustín. Más bien, era las ideas de un hombre y varios de sus defensores, o un grupo que compartían ideas similares. Las ideas de Pelagio son una reacción a Agustín y su doctrina del pecado. Aunque el mismo ya había escrito para responder a los maniqueos, Pelagio parecía seguir viendo a un Agustín maniqueo debido a sus conclusiones de que el hombre era malo por naturaleza. Si el hombre y la naturaleza estaban mal, en corrupción o en falta, para Pelagio, esto era evidencia de que Agustín seguía teniendo en mente el maniqueísmo. Así que, en mucha de su respuesta a sus ideas, Pelagio usó los argumentos que este utilizó contra los maniqueos.
Lo que se conoce como pelagianismo dice, o cree, lo siguiente: 1) Adán fue creado en una condición natural en la cual no era ni santo ni pecador, mortal por naturaleza, y con un libre albedrío totalmente libre para elegir hacer el bien o el mal. 2) El hombre actual es totalmente libre para el bien y para el mal, pudiendo con sus propias fuerzas evitar el pecado y alcanzar la salvación. 3) No es necesaria ninguna gracia interior para poder salvarse.
Con todo esto, las ideas del pelagianismo tienen claras consecuencias sobre la gracia y la salvación. Prácticamente la hacen casi inútil.
Controversia Pelagiana
El punto solido de todas las ideas de Pelagio giraba sobre el libre albedrío. El hombre era realmente libre para elegir pecar o no pecar. Junto a esto, se agregaba el elemento de su visión contraria a la de Agustín y la herencia de la corrupción y pecado. Para Pelagio no había herencia de corrupción ni pecado por parte de Adán a los seres humanos. Partiendo de esto, según su visión, las ideas de Agustín solo se sostenían si se tenía una especie de maniqueísmo. Como Pelagio no apoyaba las ideas maniqueas, este pensó que Agustín, muy a pesar de haber escrito contra ellas, sí lo hacía, y su doctrina sobre el pecado era la evidencia de ello. “Si el hombre natural era pecador, entonces el pecado es culpa de Dios que crea a cada hombre que nace”, esta era solo algunas de las ideas en las cuales reflexionaba Pelagio y razón por la que seguía viendo problemas con la visión agustiniana. Por eso, su respuesta es que el hombre actual es totalmente libre, no nace pecador ni es pecador por culpa de Adán. Se hace pecador porque libremente escoge practicar el pecado. Así, no existe el pecado original heredado, sino que cada uno nace en las condiciones morales y espirituales en que Adán fue creado. Para él el pecado es una epidemia que existe en el mundo porque se debe a mala educación, malos ejemplos y al habito o la costumbre de practicar el pecado. De esta forma el pecado se reduce demasiado y casi pareciera excluirse de un evento tan desastroso para el hombre desde sus origines hasta sus días actuales.
Con las bases anteriores expuestas, cabe preguntar: si el hombre elige hacer el bien o salvarse por sí mismo, ¿dónde entra la gracia? Aquí Pelagio responde que la gracia es simplemente las facultades naturales que Dios nos ha dado, la revelación transmitida en su palabra y la revelación en Jesucristo. Con esto, el hombre puede educarse y tiene ejemplos a seguir para salvarse, eligiendo libremente salvarse, y así desechando el pecado y la condena eterna. En pocas palabras: la gracia como don de Dios inmerecido se reduce bastante a algo que casi, por no decir que no lo es, pareciera innecesario. Y aunque se quiera decir que dentro de las ideas de Pelagio sí se necesita la gracia, con un hombre creado en las mismas condiciones de Adán antes de caer y con la capacidad en él para salvarse por su propia cuenta, la gracia viene a ser en el sistema de Pelagio un adorno para calmar las objeciones o preguntas obvias que surgen de sus ideas e implicaciones soteriológicas de sus conclusiones. Y sin importar los esfuerzos por maquillar lo evidente, Pelagio y sus ideas niegan la necesidad de la gracia para salvación. Por estas cosas fue condenado oficialmente en el Concilio de Éfeso.
A la vista de todo esto, surge un movimiento que tiene previsto salvaguardar el papel preponderante del libre albedrio, pero esta vez, sin negar la necesidad de la gracia para salvación. A esta ramificación del pelagianismo se le conoce como Semipelagianismo. Las ideas de esta ramificación son: 1) El hombre perdió la justicia original por el pecado, y necesita de la gracia de Dios para justificarse, pero esta gracia esta indiscriminadamente a disposición de todos. El hombre puede conseguirla si se esfuerza por alcanzarla. 2) La salvación como la condenación dependen del libre albedrío. El hombre, con el buen uso de su libre albedrío, puede pensar, desear y así merecer de alguna manera la gracia de la salvación, y con esta gracia (común) puede evitar el pecado y perseverar por sí mismo hasta el final en la salvación adquirida.
Tal como el pelagianismo fue condenado, el semipelagianismo también. En el segundo Concilio de Orange en 529 se condena el semipelagianismo.
El problema fundamental con el pelagianismo y con su ramificación, el semipelagianismo, es soteriológico. Con sus implicaciones sobre el pecado y el libre albedrío, las consecuencias soteriológicas son drásticas. Más que una doctrina sobre el pecado (pecado original, herencia de pecado o culpa) y su relación con los hombres, sus implicaciones sobre la gracia y la salvación son herejías abiertas que entran en conflicto no con Agustín o cualquier visión agustiniana, sino con lo obvio en la revelación bíblica neotestamentaria: ¿Cuál es la necesidad de la muerte de Cristo en un contexto o panorama pelagiano? Más que irse a un debate exegético sobre los significados y usos doctrinales de los términos gracia y salvación por los escritores neotestamentarios en las epístolas, la parte sencilla que muestra el problema real con Pelagio y sus ideas es que, si el hombre puede alcanzar la salvación por sí mismo, esto no encaja con la muerte de Jesús como necesaria para quitar el pecado del mundo (este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo). Y aunque para Pelagio en Jesucristo mismo hay una revelación de parte de Dios sobre cómo debemos comportarnos, esto no dice nada para superar el problema de que una muerte expiatoria y necesaria es irrelevante si el hombre puede alcanzar la salvación por sus propios méritos sin necesidad de intervención divina especial en su vida. Entonces, la muerte de Cristo viene a ser irrelevante en cuestiones teológicas. No encaja en el plan de salvación. Hay que reinterpretar toda la historia como algo metafórico o puramente existencial. El aspecto teológico (soteriológico) de toda la misión de Cristo queda relegado a una acción bondadosa y ejemplo a seguir, pero sin significado trascendental real dentro del plan de salvación. De hecho, el mismo plan de salvación queda reducido. Todo esto muestra que para sostener el pelagianismo y sus implicaciones soteriológicas hay que reinterpretar todo el texto bíblico ya sea con una visión meramente existencial o con una visión puramente metafórica. La gravedad de este asunto parece no tener fronteras. Poco a poco va destruyendo los elementos claros en el texto solo por unas ideas que pretenden usar el mismo texto.
Si se mira toda la historia de Israel y el papel de la salvación de Dios dentro del mismo se sigue la misma linea de reinterpretación total de todo. ¿Para qué servían los sacrificios? ¿Qué pecados eran los que se iban a expiar si el hombre podía hacer esto por sí solo simplemente ejerciendo su libre albedrío? ¿De qué era YHVH salvador o cómo lo era para su pueblo escogido, su nación santa? Las implicaciones del pelagianismo y del semipelagianismo no solo tienen consecuencias drásticas soteriológicas, sino que acaban con toda la teología que se desprende de un correcto y objetivo sistema de interpretación. Estas ideas solo pueden ser sostenidas si se propone un nuevo sistema de interpretación, el cual, de entrada, da indicios de cero objetividades y de alegorizar o metaforizar todo, hasta llevarlo a un mero existencialismo teológico, muy al estilo de Bultmann. Y todo para sostener estas ideas que no caben duda de que en su momento se elaboran con las más buenas intenciones. De hecho, el mismo Agustín no describe a Pelagio como un hombre malo y perverso, sino como un buen hombre. Aun así, sus ideas traen grandes consecuencias.
Todo esto deja la duda o inquietud de qué tanto más hubiera podido abarcar el pelagianismo y sus ramificaciones en sus intentos de justificar sus ideas y cómo hubieran respondido las objeciones que surgían de cada implicación que surgía por cada idea nueva que trataba de justificar la anterior.
